ARTEMISA

Hola a todos:
Hoy arranco un nuevo sector por acá, el viento nos habla de las Diosas. Comenzaré con mi patrona en este ciclo: Artemisa.
Artemisa, también representa en parte mi arquetipo: LA QUE DA EN EL BLANCO.

Artemisa / Diana

Artemisa se caracterizaba por tener los mismos rasgos y atributos que su hermano Apolo. Como él, iba armada con un arco de plata y flechas, regalo de los Cíclopes, con las que mataba sin piedad a aquellos que de una manera u otra osaban insultar a su divina persona o bien a su madre; tiene igualmente el poder de enviar pestes o muertes repentinas a los mortales, como el de curarlas. Se la considera protectora de los niños pequeños y de todos los animales mamantones, pero sobre todo es la diosa virgen de la caza. Recorre los bosques con el arco siempre a punto, en compañía de un cortejo de sesenta ninfas oceánicas y veinte fluviales. Al contrario que su hermano, Artemisa decidió permanecer virgen, igual que Atenea y Hestia. Su pudor y crueldad llegaban a tal extremo que un día dio una muerte horrible a un joven, Acteón, tebano, magnífico cazador, que tuvo la fortuna y desgracia de verla desnuda. Se bañaba la diosa en un arroyo, pasó el joven y la sorprendió. Pasmado se quedó ante su espléndida desnudez. Perdóname que te mire, dicen que dijo, pero nunca he visto nada tan hermoso. Sin embargo la diosa, ofendida por lo que consideró una intolerable y blasfema insolencia, convirtió al joven en ciervo y después incitó a los cincuenta sabuesos de su jauría a devorarlo. Dicen otros que lo hizo para que el joven no se jactase en las tabernas ante sus amigos de haberla visto desnuda. Según algunos mitógrafos, los perros representan los cincuenta días durante los cuales la vegetación, de la que Acteón es símbolo, permanece dormida. Sentido del humor que tienen los mitógrafos. Artemisa exigía de sus compañeras la misma castidad perfecta. En una ocasión, se dio cuenta de que Calisto, una de sus ninfas, estaba encinta de su padre Zeus. La convirtió entonces en osa, llamó a su jauría y los perros la habrían perseguido hasta matarla, si Zeus no la hubiese tomado en brazos, alzado hasta los cielos y puesto entre las estrellas. Árcade, el hijo de ambos, convertido también en osa, pudo salvarse luego convertido en rey de los arcadios. Aún se puede ver en el cielo a Calisto y a su hijo con las formas que le dio Artemisa, la Osa Mayor y la Osa Menor. Artemisa, bella, casta y virgen; arisca, orgullosa y cruel, era la hija predilecta de Zeus. Las Parcas la nombraron patrona de los partos, ya que su madre Leto la había parido sin dolores. Como diosa de la caza, habitaba los bosques, por lo que también se la consideraba diosa de la Naturaleza virgen.

En la mitología Griega, Artemisa nació con su hermano gemelo Apolo en la isla de Delos. Sus padres eran Zeus y Leto. Artemisa era la diosa de los bosques y era la personificación de la Luna. También era conocida como la diosa de la caza.

Ella era representada como eternamente jóven y como una gran cazadora. Siempre estaba acompañada por un grupo de sus asistentes, las vírgenes hermosas llamadas las Amazonas, quienes eran guerreras y cazadoras como ella. Artemisa era el símbolo de la virginidad. Ella castigaba a los que trataban de violar la virginidad de ella o de sus asistentes.

Artemisa y su hermano Apolo tenían temperamentos vengativos. De acuerdo a una leyenda Griega, mataron a la mayoría de los niños de Niobe, quienes habían insultado a su madre Leto comparando favorablemente a sus hijos con los gemelos Artemisa y Apolo. También se decía que en otra ocasión habían matado a Tityius por intentar violar a su madre Leto. Los Romanos identificaban a Artemisa con la diosa Diana. Como diosa de la luna, se la identificaba a veces con la diosa Selene y con Hécate. Aunque tradicionalmente amiga y protectora de la juventud, especialmente de las muchachas, Ártemis impidió que los griegos zarparan de Troya durante la guerra de Troya mientras no le ofrecieran el sacrificio de una doncella. Según algunos relatos, justo antes del sacrificio ella rescató a la víctima, Ifigenia. Como Apolo, Ártemis iba armada con arco y flechas, armas con que a menudo castigaba a los mortales que la ofendían. En otras leyendas, es alabada por proporcionar una muerte dulce y plácida a las muchachas jóvenes que mueren durante el parto. Esta adscripción a Selene (para los griegos) o Luna (para sus herederos romanos) es un hecho que aparece más tarde, cuando ya la imagen de Artemisa estaba consolidada como reina de los bosques, con su corte de doncellas prodigiosas. Cuando se la lleva a ser divinidad del satélite, se está desplazando a su “propietaria” Febe o Selene, una titánida de la primera ola de la mitología primigenia, hermana de Helios, la divinidad del Sol. Por cierto, que al desplazar a Artemis a la posición lunar, su gemelo Apolo también se desplaza hasta ocupar el puesto de Helios, lo que resulta plenamente equilibrado para el conjunto fraternal de cara a la pareja importancia que han de ocupar los dos hermanos en el cuadro mitológico. Pero no se detiene ahí el movimiento y Artemisa sigue avanzando, hasta que también se encaja en el hueco de Hécate, en el sitio que antes pertenecía a esta divinidad de la sombra de la luna. Con las tres personalidades, su identidad se complica y ya está ante sus fieles una diosa con tres rostros: el de Artemis sobre la faz del planeta; de Selene en el firmamento, y de Hécate en las sombras eternas de los infiernos. Así, por translación, se obtiene una deidad que ocupa los mismos tres espacios que -en su día, y tras vencer a Cronos- ocuparon Zeus, Poseidón y Hades, como una segunda edición del imperio de la época paterna, en el que se hubiera eliminado el triunvirato a favor de una concentración total del poder. La diosa termina por ser una poderosa criatura que tan fácilmente puede provocar la enfermedad y la muerte, como puede curar a toda una nación con su voluntad. Se va haciendo cada vez más poderosa, pero no es Artemis quien (naturalmente) exige ese poder total, sino que son sus fieles quienes, con el paso del tiempo, van reivindicando para ella, para su divinidad favorita, el monopolio del poder, la unión de todos los posibles atributos olímpicos en sus manos, como prueba de su popularidad, del afecto de sus seguidores y del encanto que despertaba la deidad cazadora, la decidida mujer que vive en la naturaleza, entre las fieras y a merced de los elementos, aquí abajo, en el mismo mundo que los humanos, dando prueba de ser, a pesar de todo, de la misma madera que nosotros, los hijos de la tierra, preocupada por los retoños de las bestias y entusiasmada con la idea de dar caza a cualquier animal de buen porte que se ponga a tiro.
QUIEN ES ARTEMIS
A fin de cuentas, la personalidad clara y concreta de la doncella celosa de su virginidad y defensora a ultranza de la de sus protegidas se va enturbiando, y llega a un punto en el que Artemis/Diana se ve tremendamente complicada, como una manipuladora de los poderes ocultos de la muerte y las tinieblas. Es la representación viva de toda la maldad posible en el cielo, aunque entonces lo firmase Hécate; de la luz que nos arropa en la noche y sirve de guía para caminantes y enamorados, ya como Selene; y la inquieta defensora de animales para provecho de cazadores, de protectora de los bosques para disfrute de los mortales.

Como pasa con casi todos los dioses de la antigüedad, su papel nunca queda perfectamente definido a uno u otro lado de la raya entre bondad y maldad y Artemis fluctúa, a la manera que los seres humanos saben que ellos lo hacen, entre muchos matices, sin quedar enteramente en el blanco puro ni en el desesperado pozo sin salida del negro absoluto, al modo de las hagiografías o de las condenas totales de las religiones del libro, del trío judeocristianolámico. Pero también es necesario decir que esa trinidad, tan querida después por los cristianos, no es exclusiva de Artemis, sino que otra de sus grandes compañeras olímpicas, Atenea, también era niña que jugaba a la guerra con Palas, doncella vestida de pieles de cabra, al estilo de los libios, y armada como guerrero para las ocasiones en las que la batalla era inevitable y mujer madura y sabia, en compañía del cuervo y del búho. Tres eran las estaciones del año para los griegos; invierno, primavera y verano; tres las esferas del Universo: celestial, terrena y subterránea; tres las fases de la luna: nueva, creciente y vieja. El número tres tenía un significado mágico, divino y no es de extrañar, pues, que una deidad de la categoría de Artemis fuera ascendiendo por la escala del reconocimiento, hasta llegar a poseer ella, también, las tres caras que la daban la categoría de máxima representación divina.

ARTEMIS, PROTECTORA DE MADRES E HIJOS
Este hecho, absolutamente milagroso y sorprendente, de que Artemis, nada más saltar al mundo, emprendiese su tarea, ayudando a que su madre siguiera su destino y cruzara las aguas, para poder arribar finalmente a la isla de Delos, es prueba de que se trata de una personalidad mitológica extraordinaria Pitón y de la consiguiente venganza de Hera, Leto se coloca en la ladera norte del monte Cinto, a cubierto de la luz del sol; allí la fatigada y asustada parturienta dio a luz a Apolo, tras nueve días de contracciones y dolores. Delos, tras el nacimiento del dios, quedó para siempre anclada en su lugar y ahí está, como prueba tangible de que lo que se cuenta es cierto, como todo lo que la mitología nos relata.

Con tan complicado parto, no es de extrañar que a Artemis, por ser la hembra de la pareja de gemelos, se la asociara desde ese nacimiento sobrenatural a las mujeres encintas, como protectora de los partos y que se convirtiera, por asimilación, también en diosa tutelar de las crías de todos los animales mamíferos y, muy especialmente, de los niños de pecho, aunque no fuera tan solícita con los mamíferos crecidos ni con los seres humanos adultos, ya que unos eran sus blancos móviles en la caza y los otros se podían convertir en objetivo de su especial androginia, de su persecución terrible de los varones creciditos. Pero casi todos los personajes del Olimpo tienen sus virtudes y defectos construidos como los humanos y vividos tan desmesuradamente como sólo lo pueden hacer ellos, los dioses.

DIANA DE ROMA
Diana, como el resto del panteón latino, recibe la influencia de los dioses griegos entre los años 200 a 100 a. C. Entran con mucha fuerza los elaborados mitos helénicos y terminan por adueñarse de la leyenda local, pasando a formar parte de una mezcla de notas originales e importadas. Así Diana, celebrada especialmente en el mes de agosto, en el día decimotercero, que es la contrapartida romana de Artemis, deja atrás sus ciervas y se coloca junto a la vaca, un animal más doméstico, práctico y familiar que el silvestre corzo griego. Evidentemente, el cambio es de importancia y Diana, que sigue siendo una divinidad de primera fila en su nueva residencia, se transforma totalmente en divinidad muy doméstica, y pasa a ser protectora del pueblo llano y de los menos afortunados esclavos, en lugar de ser la reina y señora de las ciudades por entero.

En uno de sus más destacados lugares de culto romano, en el templo levantado en su honor por Servio Tulio en el Aventino, el edificio consagrado se convierte en lugar protegido, en refugio para todos los plebeyos exaltados, para los romanos de segunda que protestan del gobierno de la capital imperial, en una resistencia ciudadana a la injusticia, que es la primera protesta popular no cruenta recogida por las crónicas de la historia. La nueva divinidad tutelar tiene poco que ver, en un caso como éste, con la terrible Artemis, tan poco dada a apiadarse de los adultos y, menos aún, de los habitantes de la urbe, de la capital por excelencia. El paso de Grecia a la latinidad ha conformado una personalidad diferente y más amable a la diosa triple de la mitología helenística; por eso Diana es más recordada que la peligrosa Artemis o Artemisa de partida.
DIANA EN EL ARTE
Elegimos aquí la invocación latina, porque Diana es la protagonista de la mayor parte de las representaciones artísticas, mientras que la terrible Artemis queda relegada a su terreno helénico, casi exclusivamente. Y Diana es la elegida para las más bellas pinturas, porque se presta al gran cuadro de desnudos y naturaleza, ya que ella aparece en la mayoría de los casos rodeada de sus ninfas, como si fuera inseparable de ellas, componiendo un fresco de irresistible belleza femenina del que los pintores flamencos no pueden apartarse y en el que todos los artistas de corte del barroco también se encuentran, sin poderse negar a utilizar una excusa tan graciosa para iluminar los palacios con esos cuerpos exuberantes de las divinidades, únicas figuras femeninas o masculinas que, con su desnudez, podían decorar y alegrar inocentemente los salones y los grandes corredores, sin incurrir en la crítica moralizante de la muy (in)oportuna jerarquía eclesiástica. Además, la inclusión de faunos, sátiros, Acteones y Calistos, da una nota de picardía y voyeurismo que se suma también a los grandes encantos adicionales de las escenas de caza, entretenimiento y pasión de los señores de la nobleza, con lo que se logra aumentar la carga de la historia pictórica, sin posibilidades de ser mal interpretada por los demás estrictos observadores. Sin embargo, Diana no está tan presente en la gran escultura, porque su lugar tridimensional está, preferentemente, en la porcelana y en las reproducciones en fundición, como un adorno que engalana una estancia, más que como una estatua que preside una construcción o domina un ambiente. De la trinidad de invocaciones, permanece la de una diosa juvenil y elástica que corre por sus montes y bosques, acompañada de sus perros o sus corzas, con el arco al hombro o en la mano, mientras se olvida su poder de decisión sobre la vida o la muerte, o su papel de protectora de todas las madres y de sus hijos, puesto que tiene que ceder para siempre a las divinidades oficiales cristianas.

ARTEMISA: EL ARQUETIPO PSICOLOGICO.

Es la mujer que trata a los hombres como si fueran sus hermanos. Gusta de los desafíos y de participar en cosas que le resulten interesantes. Rechaza la vulnerabilidad, no confía fácilmente, le falta calidez y sensibilidad y puede llegar a ser cruel con el hombre que ama si este deja de atraerle y hasta puede tratarlo como si fuera un intruso y hacerle sentir su falta de deseo. Valerosa para enfrentar sus propios miedos y los problemas de la vida, con tendencia a dejarse llevar por la cólera destructiva. Habitualmente inaccesible y en ocasiones despiadada. Admira a los hombres fuertes pero rechaza el machismo. También alude a la mujer independiente y libre que es capaz de ver claramente la realidad tras los enredos. Su intuición es su guía y tiene una total certeza del momento en el cual debe terminar con una relación y dejar el pasado atrás y lo hace sin vacilar y sin sentimentalismo. Da un gran valor al respeto mutuo en las relaciones y cuando esto se ignora suele estallar con violencia. Sus principales cualidades son: estar en su centro y poseer una individualidad fuerte .Para trabajar la ira. Arquetipo interno de Artemisa Independiente y autónoma, espíritu de autoconfianza, con sus propias metas, con sus propias elecciones internas. Es la competencia y el triunfo. La exploración de nuevos territorios. La perseverancia, la voluntad de llegar a la meta. La reformadora. El arquetipo de Artemisa brinda a las mujeres el reflejo de la capacidad de realizar cualquier meta que elijan. No la amilanan los obstáculos, solo hace eso más interesante la cacería del objetivo. Arquetipo de Artemisa como la diosa virgen Puede sentirse completa en sí misma sin la necesidad de completarse con un hombre. Las mujeres con arquetipo Artemisa pueden trabajar a la par del hombre, sin la necesidad de ser aprobadas por él. No necesita ser la “señora de” para sentirse completa. Es independiente y autónoma. Arquetipo de Artemisa como la hermana Las mujeres podían acercarse a ella para recibir su apoyo. Sentimiento de compañerismo con otras mujeres. Este arquetipo puede observarse en las instituciones que existen hoy en día en apoyo a todas las mujeres.
PERFIL PSICOLÓGICO DE ARTEMISA: Vivir como Artemisa en pos de una meta o centrada en el trabajo que tenga significación para ella puede ser muy gratificante. Pero si ella se identifica con la parte destructiva de Artemisa puede causar mucho daño al otro y a ella misma. Estas potencialidades negativas son las siguientes:
DESPRECIO POR LA VULNERABILIDAD: No le gustan los hombres débiles o necesitados de afecto, tampoco se lo tolera a sus hijos. Puede llegar a ser cruel con aquellos a quienes no respeta.
LA CÓLERA DESTRUCTIVA: Ella se enfada en general con los hombres que no la respetan a ella, o con aquellos que ella desvaloriza.. La opción es que la mujer Artemisa se enfrente a su propia capacidad de destrucción. Debe considerarla como una parte de sí misma que debe dominar para no terminar destruyendo sus relaciones ni consumiéndose a sí misma. La humildad es la lección que le devuelve la humanidad.
INACCESIBILIDAD: Es importante que escuche lo que le dicen los demás , por su parte éstos deberán esperar a que ella deje de posar su atención en lo que hace para hacer sus reclamos. POCO COMPASIVA : Suele ocurrir cuando juzga a los demás según el patrón blanco – negro. Por lo que es bueno que trate de desarrollar la empatía y la compasión a partir de sus propios golpes y frustraciones.
MANERAS DE DESARROLLARSE Si logramos que se vuelva vulnerable es posible que aprenda a amar y preocuparse por otras personas.
EL MITO DE ATLANTA: Atlanta debía elegir pareja y decidió optar por el hombre que fuera capaz de vencerla en una carrera pedestre. Hipómenes, que era lisiado la amaba con pasión y decidió anotarse y pedir ayuda a Afrodita. Ésta le regaló 3 manzanas de oro, que él usó de la siguiente manera.

  • Conciencia del paso del tiempo. Él se la echó a los pies de Atlanta al comienzo de la carrera, ella se agachó a recogerla seducida por su brillo, al hacerlo vio su rostro deformado por la esfera y pensó que así sería con el paso del tiempo, y esto la llevó a reflexionar sobre esto.
  • Conciencia de la importancia del amor: Cuando se detuvo para alcanzarla pensó en su amante muerto, entonces su foco de atención fue el amor y la receptividad.
  • Instinto de procreación y creatividad: Casi al final la recogió y pensó en que no había cumplido todavía el objetivo de procrear.

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